Víctimas de situaciones sociales de su entorno

El centro concertado Cristo Rei, en el ayuntamiento de Brollón, tiene a una veintena de chicos en acogimiento ·· “Hay pequeños que vienen muy maltratados por la vida que han tenido”

“Los niños que llegan a los centros de acogida de menores son víctimas de las circunstancias sociales de su entorno. La mayoría proceden de hogares desestructurados y los problemas familiares repercuten en ellos. La familia en la que te toca vivir no se puede elegir”, señala Saleta Sánchez, religiosa de la congregación Obreras de Jesús, que dirige el centro concertado de acogida de menores Cristo Rei, en el pequeño municipio lucense de Pobra do Brollón.

Aquí están acogidos una veintena de chavales, de 4 a 18 años, de diferentes lugares de las provincias de Lugo y Ourense, cuya tutela o guarda la tiene asumida la Xunta, por diferentes circunstancias en sus hogares. La hermana Saleta lleva desde el año 1982 dedicada a la educación de estos chicos y a fuerza de la experiencia acumulada es una buena conocedora de los entresijos de este mundo. Por el modélico centro Cristo Rei han pasado, en sus casi tres décadas dedicado al acogimiento, centenares de chicos.

“Hay pequeños que vienen al centro muy maltratados por la vida que han tenido en su hogar, incluso por las instituciones, ya que van de centro en centro, de programa en programa y con los chicos no se pueden hacer experimentos, necesitan estabilidad”, cuenta .

“Los niños que llegan aquí necesitan ayuda y eso es lo que tratamos de hacer, nos convertimos en su familia y les damos cariño, apoyo, comprensión, formación y educación”, subraya Saleta. “Tenemos los mismos problemas y dificultades que en una familia normal y hay que pelear con los chavales como unos padres lo hacen con sus hijos, inculcar disciplina y ponerles límites”, añade. “Nuestro objetivo es sacarlos adelante en la vida y tratar de que sean unas personas responsables y trabajadoras”, explica Saleta.

Esta religiosa apunta que el esfuerzo y el sacrificio que supone esta complicada labor compensa, “es una trabajo gratificante”, subraya con total seguridad. “Esta es la casa de los chicos y con ellos gozas y sufres como cualquier padre y aunque alguno no sale como hubieras querido, te queda la satisfacción de que hiciste todo lo posible por encauzarlos en la vida”, reconoce. Prosigue, “a todos les damos las mismas oportunidades, pero no todos tienen las mismas capacidades y unos las aprovechan y otros no, pasa como con los hijos en una familia, que siendo educados en el mismo ambiente unos van un por el buen camino y otros no”, pone de relieve.

Saleta y Sara, otra religiosa de las Obreras de Jesús, junto con cuatro educadores sociales y dos trabajadores que se ocupan de la cocina y la limpieza son el personal que atiende este centro de acogida de menores, ubicado en el remozado pazo de Marcón, una casona señorial levantada a principios del siglo XIX, situada en un privilegiado entorno natural.

Saleta, que vive por y para los chicos, no duda en afirmar que seguirá en esta labor “hasta que el cuerpo aguante”.

noticia enviada por Fernando Martínez

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