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CONCLUSIONES
Una de las situaciones más complejas que se pueden
presentar en las intervenciones protectoras de la infancia
es la necesidad de separar a los niños y niñas de
sus familias. Esta separación, que puede tener una duración
muy variable dependiendo de cada caso, y que
puede llegar a ser definitiva, supone un reto adaptativo
muy serio para los menores de edad. Existe un consenso
muy claro entre profesionales e investigadores
sobre la necesidad de que los niños y niñas que no
pueden estar con su familia estén con otras familias y
se desarrollen el tiempo que sea necesario siempre en
un entorno familiar cercano y cálido. Esta prioridad de
colocación de los niños en acogimiento familiar, establecida
ya en la ley de 1987, e impulsada decisivamente
en la Ley Orgánica de 1996, cuenta con varias
décadas de desarrollo en otros países avanzados y es
un planteamiento indiscutible de la protección infantil.
Nuestro retraso, justificable por cuestiones políticas y
sociales hasta los años ochenta, no debe seguir prolongándose.
Los datos de las investigaciones, escasas
y todavía muy descriptivas, muestran un acogimiento
en familia ajena en España todavía muy incipiente, en
varias comunidades autónomas todavía meramente
testimonial. Aunque comparado con otros países,
nuestro acogimiento en familia extensa tiene una presencia
enorme y hace engrosar las cifras del acogimiento
familiar, debemos ser realistas y concluir que
sin acogimiento en familia ajena, que es el que requiere
esfuerzos de captación y desarrollo de programas
(el de familia extensa funciona y se desarrolla de manera
independiente de los programas de intervención
porque es una respuesta de supervivencia natural de
los grupos familiares), el sistema de protección se verá
obligado a emplear acogimientos residenciales para
muchos menores de edad.
En algunas comunidades se están empezando a plantear
el reto de atender siempre a los más pequeños en
acogimiento familiar, cerrando los centros y hogares de
0-3 años y en algún sitio incluso de 0-6 años, para implantar
programas de acogimiento familiar estables, capaces
de dar respuesta a todos los niños de estas edades
que requieran medidas de separación familiar. Es sorprendente,
en este sentido, que los programas de acogimiento
de urgencia que atienden fundamentalmente a
estos niños más pequeños, mostrando unos índices de
resultados y de satisfacción de acogedores tan positivos,
no acaben de despegar y convertirse en un recurso que
supere la fase casi experimental en que se encuentran en
muchos lugares.
Este es el camino imprescindible para cubrir de manera
adecuada las necesidades de estos menores, y solamente
cuando la voluntad política, de los gestores, y de
los planificadores, comience a plasmar negro sobre
blanco este tipo de ideas, podremos empezar a tener
esperanzas en recuperar el tiempo perdido. La existencia
de niños de estas edades en hogares de acogida en
nuestro país denota un anacronismo inaceptable hoy
día. Es necesaria una visión política de mayor alcance
para planificar en los próximos años un cambio a favor
del acogimiento familiar y permitir, de paso, que el
acogimiento residencial pueda trabajar mejor atendiendo
aquellos casos que realmente precisan de esta
medida, como algunos adolescentes con necesidades
muy específicas, menores extranjeros no acompañados,
etc.
El impulso que la investigación ha dado en estos
últimos años y el consenso que se ha creado en
torno a la necesidad de dar un empuje definitivo al
acogimiento familiar, deberían ser dos buenos pilares
para esta reforma tan esperada.
Los datos de la investigación muestran que las prácticas
del acogimiento en España tienen criterios muy distintos
entre las comunidades autónomas (un tema ya apuntado
en artículos anteriores de este monográfico) y que somos
capaces de dar mucha estabilidad a los niños pero consumimos
a las familias acogedoras en un solo episodio
acogedor, por lo que será difícil incrementar el montante
de familias disponibles.
Por otro lado, la familia extensa supone en nuestro país
un recurso valiosísimo que debe ser adecuadamente tratado.
Todas las investigaciones muestran que la familia
extensa hace frente a la educación de nietos, sobrinos, y
parientes o allegados, desde una posición que en muchas
ocasiones es muy precaria. Existen carencias no sólo
económicas o materiales, sino también de recursos y
competencias, por ejemplo, para saber educar a adolescentes
(tarea ya difícil de por sí) cuando el salto generacional
es enorme. Así pues, lo que se requiere es tomar
con toda seriedad estos acogimientos, desde el inicio
con una buena selección y formación, también con un
seguimiento cercano y frecuente, y lo más importante,
desplegando los necesarios apoyos económicos y técnicos
para que estas familias se sientan con fuerzas y recursos.

……………………………………………………………………………..

Papeles del Psicólogo, 2009. Vol. 30(1), pp. 33-41
EL ACOGIMIENTO FAMILIAR EN ESPAÑA:
IMPLANTACIÓN Y RETOS ACTUALES
Jorge F. del Valle, Amaia Bravo y Mónica López

sistema de protección infantil. A prevención secundaria e terciaria no ámbito do maltrato á infancia

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Una respuesta a

  1. familiasdeacollida dijo:

    Organiza:

    Subárea de Psicoloxía do desenvolvemento e da aprendizaxe escolar do Dpto. de Psicoloxía Evolutiva e da Educación

    Colaboran
    Facultade de Ciencias da Educación
    Departamento de Psicoloxía Evolutiva e da Educación
    Coordinadores:
    Manuel Peralbo Uzquiano
    Manuel García Fernández
    14, 15 e 16 de outubro de 2009

    – O proceso de intervención (D. José Manuel Oreiro Blanco)
    – A institución de protección de menores (D. Javier Martín Hernández)
    – Intervención familiar (D. Francisco Blanco Romero)
    – Acollemento familiar e residencial (Dna Mónica López):

    Presentación
    Acollemento familiar
    Acollemento residencial
    Twenty years of foster care in Spain: Profiles, patterns and outcomes
    Job stress and burnout in residential child care workers in Spain

    – Medidas de separación familiar, intervención co menor afastado da familia de orixen (Dna Elena Rodríguez Borrajo)
    – Consecuencias do desamparo temperá (D. Jorge Barudy)

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