En Gipuzkoa ya hay más niños acogidos en familias que en centros

El aumento de bebés desprotegidos y el cuidado de menores con problemas mentales son los retos de futuro del sistema de protección de la infancia

29.10.10 – 02:39 –

ARANTXA ALDAZ aldaz@diariovasco.com | SAN SEBASTIÁN.
El sistema de protección de menores en Gipuzkoa ha dado un giro de 180 grados en los últimos años, tanto que ya son más los niños autóctonos acogidos en familias que en centros forales, un buen punto de partida, a juicio de los expertos, para afrontar los retos del futuro. Sin ir más lejos, el Senado ha propuesto recientemente el desalojo paulatino de los centros de menores de los niños de entre cero y seis años para ponerlos bajo la protección de familias de acogida. Es una de las líneas maestras de la reforma de la Ley de Adopción Nacional y Acogimiento Familiar, que supondrá un cambio radical en las políticas de atención de los menores desprotegidos.
La institucionalización del acogimiento en la mayoría de comunidades autónomas preocupa a los expertos. Según explicó ayer en Donostia el profesor de la Universidad de Oviedo Jorge Fernández del Valle, España se sitúa a la cabeza de países europeos en el número de menores acogidos en centros residenciales, un dato que se quiere invertir con la nueva ley. Gipuzkoa, aseguró, es una excepción pues «ha sabido adecuar su sistema a la realidad cambiante», una reordenación en la que la Diputación ha contado con la participación del equipo de profesionales liderado por del Valle, especializado en infancia.
La radiografía del sistema guipuzcoano muestra una imagen muy diferente, casi opuesta, a la de hace apenas cinco años. Entonces, 378 menores residían en alguno de los 38 centros de acogida repartidos por el territorio mientras que otros 168 fueron arropados por familias (122 en ajenas y el resto en extensas -tíos o abuelos-). Hoy por hoy, el número de menores acogidos en centros ha descendido un 25% (280 niños y niñas) mientras que el que reside en familias de acogida ha aumentado un 50% (260 menores), según los datos aportados por el jefe de servicio de infancia y juventud de la Diputación de Gipuzkoa, Patxi Agiriano. Hay que tener en cuenta que la cifra de acogidos en centros incluye a los menores extranjeros no acompañados, por lo que, contabilizados sólo los niños guipuzcoanos la balanza se decanta hacia el modelo de familias de acogida.
«Hemos atravesado una década muy convulsa en la protección de menores, con retos enormemente complejos que muchas comunidades no han sabido afrontar y que han dejado sus sistemas de protección de la infancia al borde de la bancarrota», describió del Valle para quien Gipuzkoa, en cambio, «ha sabido afrontar estos retos y aprovechar todas sus oportunidades». Las diferencias con territorios cercanos son evidentes. El experto puso el ejemplo de Oviedo, donde sólo hay 14 menores acogidos en familias ajenas, mientras que en Gipuzkoa son 122, lo que demuestra, a su juicio, que el territorio ha sabido ir un paso por delante para acoplarse a «las nuevas realidades». Uno de los programas ‘estrella’, que deberá ser adoptado por todas las administraciones para garantizar el cuidado de los menores, vaticinó el experto, es el del acogimiento profesionalizado, un programa único en Gipuzkoa que atiende a día de hoy a 19 menores en 10 hogares. Se trata de una figura a través de la cual un profesional, con formación en el área de lo social, se encarga de la crianza de un menor a cambio de un sueldo. Los candidatos para beneficiarse de este programa son menores especialmente conflictivos que, precisamente por su perfil, tienen más dificultades para ser acogidos por una familia ‘normal’.
Búsqueda de «aliados»
La necesidad de contar con más acogedores profesionales se presenta como uno de los retos más inminentes, recordaron la diputada de Política Social, Maite Etxaniz, y el director de Infancia y Juventud, Josi Insausti quienes reconocieron la necesidad de que los distintos ámbitos que intervienen en la protección de los niños, como la justicia, la sanidad, la educación, las policías y los sistemas de promoción de la infancia colaboren y se conviertan «en aliados».
En el camino andado hacia la modernización del sistema también habrá que prestar máxima atención a los menores con problemas mentales y a aquellos con necesidades clínicas, hasta un 70% del total, señaló del Valle. La hiperactividad y los trastornos de atención suelen ser cuadros frecuentes entre estos niños cuya infancia complicada suele traducirse también en fracaso escolar. «Uno de los retos pendientes es el de la educación porque cuando son menores suelen ser alumnos con elevado índice de fracaso escolar y cuando cumplen la mayoría de edad tienen graves problemas de inserción laboral precisamente por esa baja cualificación», indicó del Valle.
La transición a la edad adulta supone el tercer escenario de futuro al que habrá que dar respuesta. «No se les puede dejar huérfanos a los 18 años después de tantos años de protección», señaló el experto. En Gipuzkoa existe un programa de desvinculación, con ayudas económicas hasta los 23 años
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