MENORES EN CENTROS DE PROTECCIÓN

MENORES EN CENTROS DE PROTECCIÓN
«Mamá siempre dice que va a venir»
Las instituciones de protección defienden su valor terapéutico ante su declive

Autor: JORGE CASANOVA

Localidad: REDACCIÓN / LA VOZ
Fecha de publicación: 23/10/2011 –

El hogar infantil Emilio Romay, de A Coruña, uno de los pocos centros de protección de menores de titularidad pública que quedan en Galicia, mantiene su engolado aspecto exterior de institución decimonónica, de casa cuna, como muchos lo conocen aún en A Coruña. Por dentro es como una casa escuela llena de pasillos y puertas tras los cuales hay oficinas, aulas, dormitorios, cocinas, baños… Todo impecable, luminoso, colorista, apetecible.<strong> Alrededor de 70 personas, la mayoría funcionarios, velan por una veintena de chavales que no superan los diez años; algunos apenas tienen unos meses. Pero algo se rompió en su familia y, mientras se arregla, su hogar está allí.
«Se les explica la situación desde el momento en que entran. Esto es un hogar provisional, un tránsito», explica la trabajadora social Chus Aradas. Allí se dice que todos tienen que hacer los deberes. Los niños, los del cole, y los papás, los que les encomiendan sus propios educadores. Y los pequeños, que nunca descuidan los suyos, saben que la visita de sus padres, el reencuentro durante el fin de semana, depende de los deberes de los mayores. «Lo que más sorprende a la gente es el refuerzo que los niños ejercen unos con los otros», continúa Chus, explicando cómo los recién llegados encuentran apoyo e información en sus nuevos compañeros de hogar. Dicen que esa compañía es terapéutica. Y, en cualquier caso, siempre se tienen a ellos mismos y a su capacidad infantil para darle la vuelta al mundo: «Mi mamá es muy bromista. Dice que va a venir a verme y luego no viene nunca». Esta singular adaptación de la realidad corresponde a una niña del hogar y es un ejemplo que pone la directora, Carmen Díaz, sobre la diversidad con la que los chavales afrontan su estancia allí.

Familias sin vínculos
«No hay un perfil para los padres, pero sí unos rasgos comunes», explica la trabajadora social. El problema puede venir por cualquier sitio, pero el hecho es que la familia no tiene a quién acudir; ningún vínculo social. Por eso sus hijos acaban allí. Si los mayores hacen los deberes, es posible que los pequeños regresen a casa. Si no, la primera opción debería ser una familia de acogida; o una adopción. Pero no siempre es fácil. Niños con patologías, grupos de hermanos… algunos lo tienen muy difícil.
El complejo edificio está dividido en cuatro hogares donde se reparten la veintena de niños internos. En uno de ellos se atiende a los más pequeños. Destaca la fila de pequeñas bañeras, como fregaderos, donde se asean los bebés. En el momento de la visita había siete niños por debajo de los 15 meses, algo que los expertos desaconsejan con vehemencia: ningún menor de tres años debería estar institucionalizado. «No es tan sencillo -explica la directora-. Este es un lugar de acogida y formación. Ha de pasar un tiempo antes de entregar al niño, que la nueva familia se acostumbre a sus ritmos… La intermediación del centro sirve para que la siguiente medida no fracase». En su discurso se percibe algo de satisfacción frente a un trabajo tan delicado, tan humano: «Trabajar con niños siempre es satisfactorio, pero a veces impacta mucho ver llegar a un bebé con las piernas rotas y en el que luego aparecen traumatismos antiguos».

La foto de papá
La directora defiende la importancia del centro mientras enseña uno de los cuatro hogares, en los que se divide el centro, ahora sin niños: amplios espacios para jugar, hacer deberes, leer, ver la tele. Muchos profesionales defienden que los centros deben ofrecer unos estándares por encima de la media, hogares espaciosos y bien dotados; estímulos a los que aspirar. Aquí no hay duda. Los dormitorios, pulcros y pintados de colores, responden a la provisionalidad del hogar. Son espacios que otros ocuparon antes y que otros ocuparán después. Les falta personalidad. Sin embargo, en uno de ellos impresiona la galería de fotos que ha colgado un niño. Fotocopias en color de su familia en 10 por 15. Y en el centro, un 24 por 30 de papá, una foto de carné hiperampliada. El lugar, sin duda, al que quiere volver.
Durante su estancia allí, los menores hacen vida normal. Van al colegio, a sus actividades, salen al parque, incluso invitan a sus amigos al hogar el día de su cumpleaños, si así lo desean. Supuestamente, antes de dos años, su situación debería estar solventada: regreso a casa, acogimiento por la familia extensa o ajena o adopción. Pero los dos años se multiplican con frecuencia. Y el tránsito se atasca.
En la mayor parte de Europa el acogimiento se ha convertido en una medida esencial del sistema de protección en detrimento de los centros, que viven un declive. En Galicia, pese a que el acogimiento ha crecido, está todavía infrautilizado, especialmente en lo que tiene que ver con niños de menos de tres años. El problema, señalan algunas fuentes, es consecuencia de una saturación en el número de expedientes que deben tramitar los técnicos y que provoca una ralentización en la adopción de medidas, muy lesiva para los menores. La elaboración de una nueva ley por parte del Gobierno central pretende reducir estos tiempos y liquidar con mayor efectividad los procesos de acogimiento y adopción y la pérdida definitiva de la custodia a los padres que no se demuestren capaces.
centro público HOGAR EMILIO ROMAY, A CORUÑA
NIÑOS EN RIESGO. Más de 4.000 menores en Galicia están bajo el sistema de protección de la Xunta porque sus padres o no están o han mostrado algún déficit que los pone en riesgo. Unos 1.200 están institucionalizados. Los expertos creen que son demasiados y que alternativas como el acogimiento están infrautilizadas, pese a que para la Administración es más barato un niño en acogimiento que en un centro. El sistema parece que afrontará el 2012 sin recortes.El principal rasgo común entre las familias es la pérdida total de vínculos sociales
Los niños saben que sus padres tienen que hacer «los deberes» si quieren verlos

Esta entrada fue publicada en Jorge Casanova - Periodista, la voz de galizia, Xunta de Galicia. Guarda el enlace permanente.

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