Buscando la solución ecológica

Buscando la solución ecológica
Autor:
J. C. redacción / la voz
Fecha de publicación: 31/10/2011 –

. Hace dos años, la fundación Meniños se propuso evaluar su trabajo con algo de perspectiva. Desempolvaron expedientes de diez años, entre 1996 y el 2006 y fueron a visitar a aquellas familias con las que trabajaron para que recuperaran a sus hijos. «De aquellos que habíamos dejado en sus casas, el 84 % seguían protegidos o se habían emancipado con éxito», explica Mónica Permuy, la directora de la fundación.
Pese al éxito creciente que han ido demostrando los programas de intervención familiar, la fundación temió por su futuro. La política de recortes también les alcanzó en el último ejercicio, lo que llevó al colectivo disminuir el tamaño de sus equipos. Recientemente la Xunta se ha comprometido a regresar a los niveles de 2010, de manera que el colectivo pueda restablecer sus niveles de actividad.
Sobre el terreno
Meniños, especialista en trabajar con las familias biológicas que pierden la guarda de sus hijos, ha formado su metodología sobre el terreno. El colectivo comenzó a funcionar en el año 1992 y, combinando el trabajo en los domicilios con el apoyo de equipos universitarios, ha elaborado una metodología que se ha exportado a otras comunidades.
Básicamente, los equipos, formados por profesionales cualificados, buscan los aspectos positivos en estas familias para construir pautas de comportamiento que permitan el reagrupamiento: «Hasta en los casos más extremos hay cosas positivas desde las que trabajar», asegura Permuy. El discurso se apoya en que el objetivo prioritario es el beneficio del menor y que la salida más ecológica y eficaz debería ser el regreso con su familia biológica, de ahí la importancia capital de trabajar con ella. «Nosotros intentamos establecer una alianza con las familias. Que vean que les vamos a ser útiles, que confíen en nosotros, porque a veces se trabaja con la familia y más bien parece que se trabaja contra ella».
El papeleo
Con todo, el retorno no siempre es posible. Algo más del 30 % de las iniciativas fracasan y el menor debe pasar a un centro o entrar en un proceso de acogimiento y adopción. El plazo máximo son dos años. Si en ese tiempo el problema no se ha solucionado, se tira la toalla. Claro que los plazos son flexibles. Demasiado. «El momento óptimo para la intervención es justo cuando se detecta el problema», confirman los técnicos de Meniños. Pero la mayoría de las veces, tras esa primera alarma, transcurre mucho papeleo y los educadores llegan varios meses después de que los niños hayan sido ingresados en un centro.
La crisis ha venido a complicar una dinámica que, lentamente, primaba las actuaciones destinadas a evitar la institucionalización de los menores. El empobrecimiento generalizado de la población ha incrementado las situaciones de riesgo que, paradójicamente, se estaban afrontando con menos recursos públicos, pese a que a la Administración le resulta más barato un niño en acogimiento que en un centro de protección.

Esta entrada fue publicada en Fundación Meniños, Jorge Casanova - Periodista, la voz de galizia. Guarda el enlace permanente.

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