Un total de 35 familias acogen este año a 43 menores en situaciones de desamparo


La Cruz Roja forma en Pontevedra a otras 13 personas dispuestas a educar a niños en riesgo o desprotegidos

CARLOS GARCÍA – PONTEVEDRA La Consellería de Traballo e Benestar de la Xunta lleva a cabo a través de la Cruz Roja y en colaboración del Ministerio de Servicios Sociales e Igualdad el Proyecto de Acogimiento Familiar desde el año 1996. Se trata de núcleos familiares de la provincia de Pontevedra que muestran su disposición a acoger en su seno a menores en situación de desamparo o desprotegidos. Niños procedentes de familias que atraviesan una situación complicada y a las que en un momento determinado la administración autonómica decide retirar temporalmente la custodia del menor para garantizar su educación y desarrollo vital en condiciones óptimas.
Laura Zamora es trabajadora social de la Cruz Roja y explica que el acogimiento en familia ajena es un recurso empleado para proteger al menor: “Cuando los niños entran en este círculo es porque ha habido una situación de riesgo o desamparo y ha provocado que la administración haya tenido que intervenir”. Entonces, el equipo técnico debe valorar cual es el recurso más adecuado para cada niño. Laura Zamora explica que normalmente la primera opción es “el de la familia extensa”, es decir, su acogida por un pariente cercano. “Si no hay tíos, abuelos o familiares que se hagan cargo; entonces es cuando se valora la posibilidad del acogimiento en una familia ajena y aquí es donde entran las familias acogedoras de la Cruz Roja”, dice esta trabajadora social del Equipo de Acogimiento. El internamiento en un centro es otra de las opciones posibles, pero Laura Zamora destaca el hecho de que “el vivir y crecer en familia es un derecho que tenemos y siempre es mucho más sano vivir y desarrollarnos en un entorno familiar que en un centro”.
Así, solo en lo que va de año en la provincia de Pontevedra un total de 43 menores en situación de riesgo han sido acogidos por familias formadas por la Cruz Roja. Y la organización ya se prepara para que esta cifra se incremente. Desde ayer y hasta el próximo miércoles Cruz Roja forma en Pontevedra a otras 13 personas (un total de 7 familias) que aspiran a convertirse en receptoras de estos menores en situación de riesgo.
Son familias que ya han superado un proceso de valoración preliminar que consta de entrevistas con técnicos de servicios sociales y psicólogos de la Cruz Roja en las que se analizan las circunstancias de cada unidad familiar, la motivación que tienen para recibir a estos niños, las pautas educativas que emplearían o su situación psicológica (entre otras cuestiones, el objetivo es determinar si están emocionalmente preparados para participar en el proyecto).
Después se pasaría al actual periodo de formación (en el que se encuentran ahora estas familias), a lo largo del cual no solo se les introduce en el acogimiento familiar y su marco legal, si no que se les prepara para afrontar situaciones reales no siempre fáciles de afrontar. Para ello se usan ejemplos reales o experiencias de familias que ya han acogido a menores. Se trata, por ejemplo, de aprender a reaccionar ante “situaciones complejas como por ejemplo un conflicto con el menor y su familia biológica”. Y es que una de las obligaciones de la familia de acogida será promover los contactos con la familia del pequeño: “Los niños siempre van a ver a sus padres o a sus abuelos o a quien tengan que ver”, dice Zamora. De hecho, recalca que uno de los requisitos para ser familia acogedora es “no tener una finalidad adoptiva”.
Y es que esta trabajadora social de Cruz Roja destaca que las familias deben estar preparadas lo mejor posible para afrontar el acogimiento: “Al principio es complicado. Hay muchos niños que no se han criado en un entorno estable y por lo tanto pueden tener comportamientos diferentes al resto”, explica. “No por el hecho de ya ser padres vamos a saber manejar cualquier situación y para eso estamos aquí estos días”, dice Laura Zamora. Con todo, resalta que la experiencia “siempre es positiva para las familias acogedoras porque ves crecer a un niño y en muchos casos observas como se integra en la sociedad”. Incluso hay menores, aunque “no en un porcentaje muy elevado”, que retornan a sus familias de origen una vez que estas superaron las complicaciones que motivaron su salida.

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