Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 11, 2009

«Están cinco semanas y hasta la vecina les teje chaquetitas»


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José carlos azcona y rosario filgueira | Pareja de Boiro que acoge bebés
M. C.
8/11/2009
Tiene todo listo. Los jubones, la canastilla, la cuna. Rosario y su marido José Carlos saben que en cualquier momento pueden recibir la llamada de la Xunta para acoger en su hogar a un bebé recién nacido. «Somos una familia de urgencia. Lo habitual es que tengamos que ocuparnos de pequeños a los que su madre biológica quiere dar en adopción o de hijos de personas que han tenido que ir al hospital por una urgencia o que han ido a la cárcel», explica Rosario.
Esta pareja de Escarabote, en el concello coruñés de Boiro, ya ha acogido antes a dos recién nacidos. Los tuvieron durante las cinco semanas que marca la ley para que las madres que renuncian a sus hijos piensen sobre la opción que han tomado antes de hacerla definitiva. «Los vamos a recoger a la maternidad y tienen una talla triple cero. Luego pasado un mes están con 1,4 kilogramos más y nosotros con dos o tres menos», comenta esta “madre” de acogida. Porque una vez que llegan «pasan a ser la prioridad del hogar», añade. Por eso hay que tener tiempo. Rosario lo tiene y quiere invertirlo en esto. «Alguna noche es dura. A veces hacen fiesta…», apunta.
Espera
El viernes en Escarabote, Rosario, que tiene 51 años y un hijo que ya supera la treintena, y su marido, José Carlos, de 41, estaban solos. No tienen a ningún niño en acogida, pero han de estar estar preparados porque en cualquier momento pueden recibir la llamada de la Administración. Tienen que estar listos para recibir un nuevo miembro temporal en la familia y, sobre todo, para el día en el que han de despedirlo. «La última noche que están dormimos poco. A veces, nada. Pero también somos conscientes de que la familia que lo está aguardando tampoco duerme. Le hacemos un libro de vida. Ponemos fotos y vamos anotando cómo le gusta la leche, templada o más fría… Tienen varios chupetes para que no se acostumbren a uno… Están cinco semanas, pero hasta la vecina acaba tejiéndoles chaquetitas», cuentan.
Tanto ella como su marido, que preside la asociación de acogedores, tienen claro que es una buena forma de colaborar. «A veces resulta fácil enviar dinero, pero es mucho más emocionante involucrarse», relatan.
La semana pasada el Parlamento aprobó un aumento de las ayudas que el Ejecutivo autónomo ofrece a las familias. Estas varían actualmente entre los 220 y 660 euros al mes, en función del caso. Pero para ellos, «este tipo de cosas no se hacen por dinero». «El Gobierno concede una ayuda que varía en función de la edad o de otros factores. Puede que esa nueva ayuda sea un incremento, pero quizá nos beneficiaría más que arreglaran otros aspectos de carácter burocrático como tener pronto una tarjeta para ir al médico o arreglar los papeles para obtener una plaza en el colegio», apunta Carlos. «A veces, para obtener plaza en el centro que le correspondería al vivir en la casa de la familia acogedora -lamenta- hay que pedir un favor porque están registrados en otra parte».

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 10, 2009

«Por muy bien que los niños estén en un centro, precisan más atención»

Irma Teijeiro | Madre de A Coruña que acoge menores
M. C.
8/11/2009

«Otra gente se hace socio de Médicos sin Fronteras, hay quien colabora con Cáritas. Pues esta es otra fórmula de aportar tu granito de arena, de ayudar». Fue a través de los medios de comunicación como Irma Teijeiro, trabajadora en un estudio de arquitectura de A Coruña, conoció la existencia del Programa de Acogimiento Familiar que coordina la Cruz Roja española. «Preguntas cómo funciona y un día, en un momento, decides que lo haces, coges el teléfono y… hasta ahora», explica esta madre separada, con un hijo de 22 años.
Irma ha acogido en su casa a José (nombre ficticio), un adolescente de 14 años. «La diferencia de edad con mi hijo es alta, entonces no hay problema porque tampoco interfieren», razona para aclarar que el acogido únicamente está con ella el fin de semana. Es una de las modalidades que ofrece el programa. Los otros cinco días, los laborables, él está con su madre. Antes José vivió interno en un centro. Porque, a veces, el regreso con la familia ha de ser gradual.
Hace ya dos años que Irma acoge a José, aunque sea solo los fines de semana. Se llevan bien. «La verdad es que es muy respetuoso. Se adapta a lo que le ofreces. Cuando llegó le expliqué los horarios, le comenté: ”Aquí comemos a esta hora, hacemos las cosas de esta otra”… Nunca hubo problema», recalca.
Elección
Sabe que no es lo mismo acoger a un niño de menos edad que a uno que, como José, tenía doce años cuando entró en la familia. «Con doce son ya más conscientes de lo que ocurre. La verdad es que le apetecía estar en un hogar: llevaba tiempo en un centro. Aunque estén muy bien en una institución, necesitan más atención», apunta. Alcanzada una edad los menores pueden elegir entre continuar en un centro o ir a un hogar temporal.
Ya en el primer momento Irma fue consciente de que el acogimiento no dura. Es temporal. Lo que genera incertidumbre es desconocer hasta cuándo. «A nivel emocional hay que ser consciente de que van a irse. Hay casos en los que únicamente estarán unos meses, otros se quedan durante más tiempo, hasta que la familia biológica recupera la custodia. Nunca sabes cuánto tiempo van a permanecer. Hay que estar preparado para eso», explica.
Pero a esta madre le resulta paradójico que, aunque estos menores estén tutelados por el Gobierno autónomo, algunas familias encuentren problemas en temas fundamentales como resolver la escolarización. «A veces te hablan de casos de gente que ha tenido que recurrir a la buena voluntad de la dirección de un centro para obtener plaza en mitad del curso. Claro, muchos no están registrados en el nuevo domicilio. Ahí tendrían que agilizar los trámites burocráticos para facilitar eso», reclama. Con todo, dice, compensa. «Está claro que el tiempo es lo de menos, hace falta querer hacerlo», concluye

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 9, 2009

testimonios | isabel garcía | Madre de Culleredo que acoge a tres niños

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En septiembre el número de mochilas escolares que se colocan los viernes por la tarde en el recibidor de la casa de Isabel, en el concello coruñés de Culleredo, se multiplicó por dos. A principio de curso, sus tres hijos, de trece, doce y diez años, vaciaron algún armario, volvieron a redistribuir habitaciones, literas para dormir y repartieron las tareas que hay que hacer en el hogar. Fue una reorganización rápida para recibir a otros tres hermanos que llegaban desde un centro de acogida en el que habían pasado más de un año. «Habíamos tenido antes otros niños en acogida, pero esta era la primera vez que procedían de una institución. Esperas que al principio estén bien por el día, y al llegar la noche se agobien un poco, vamos, lo normal. Nos sorprendió la buena adaptación», admite.
Pero todo tiene un proceso. Incluso en cosas de la vida cotidiana. Esta madre recuerda cómo un día uno de los niños preguntó dónde estaba la ropa que había dejado en la lavandería hacía una semana. «Tienes que explicarles que en las casas no hay, que lavas cuando vas juntando prendas», explica.
Habla mientras mira como la menor de sus tres nuevos inquilinos juega con una perra caniche. Tiene tres años. No para de correr de aquí para allá. «El primer día que llegó tenía miedo a la perra, pero mira ahora…», ríe la mujer, mientras observa cómo el menor de sus hijos trata de arrebatarle el animal.
«Estos niños ven regularmente a sus padres o familiares, nunca pierden el contacto. Es bueno para las familias, con las que también trabaja la Cruz Roja, que vean cómo sus niños van cambiando y están bien». Recuerda incluso una anécdota que comentó uno de los menores en el colegio. «’Tengo suerte porque en el cole no tengo que pelearme con nadie’. Antes todo lo arreglaba a puñetazos», recuerda. En el hogar de Isabel tampoco reinan los celos. «Mis hijos están acostumbrados desde pequeños a tener gente aquí. La primera vez que acogimos, el mayor tenía solo cinco años», explica.
Esta madre está ya muy acostumbrada a coordinar el horario de todos, y los encuentros con las familias propias. «Eres consciente de que tienes los domingos hipotecados, pero compensa», apunta. Son ya cinco los menores en acogida que han pasado por su hogar. «Queríamos colaborar, pero no adoptar», subraya. Una familia tan amplia sorprende. «Hay gente que nos pregunta: ¿pero no tenéis miedo a que os vengan un día a la puerta para coger a los niños? Eso no ocurre. También hay al que sorprende que, con tres hijos, acojas a otros tres. Pero es cierto que donde caben tres, caben cuatro, o seis. Hay que tener voluntad y organizarse», concluye.

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 9, 2009

VOLUNTARIOS EN LA ASISTENCIA AL MENOR

Tres “madres” que cuidan niños tutelados por la Xunta cuentan por qué lo hacen

María Cedrón
8/11/2009
A Jaime (nombre ficticio para ocultar la verdadera identidad de un menor) le han dado una beca. Estudia en el mismo colegio al que comenzó a ir cuando llegó a casa de la familia que lo acogió durante tres años. Hace tiempo que dejó aquel hogar. Volvió con su familia. Lo hizo después de que la Xunta, que entonces tenía su custodia, devolviera a sus padres la tutela. Pero, como cuenta la madre de la familia que entonces lo recibió, no ha perdido el contacto con sus hijos, con los que creció durante aquella época. Los ve cada día, en el colegio.
Aquello fue algo temporal. Igual que lo es la estancia en familias de acogida de 1.446 menores que, según las estadística de la Consellería de Traballo e Benestar, estaban bajo la responsabilidad del Gobierno autónomo el año pasado. Pero todavía había más de 1.200 menores que permanecían internos en centros, una última opción a la que se ve empujada la Administración cuando las familias no son suficientes o cuando el caso obliga, algo que la Xunta alega en el caso del menor obeso de Ourense.
La patria potestad de muchos fue a parar a manos de la Xunta por orden de un juez. Otros acabaron bajo el abrigo administrativo porque los padres, voluntariamente, cedieron la guarda de sus hijos al no poder hacerse cargo de ellos. «Hay gente que llega a un centro, dice que los deja un día, pero luego no vuelve hasta pasado un tiempo. Muchas veces son casos relacionados con problemas de droga», cuenta una madre que acoge de la zona de A Coruña.
La búsqueda de tíos, primos, abuelos, algún familiar cercano que pueda cuidarlos es la primera opción que busca la Administración para que no pierdan el arraigo, para que se sientan arropados, para que no olviden cómo funciona un hogar. Es luego, al agotar esa vía, cuando recurre al programa de Acogimiento Familiar, un proyecto coordinado por la Cruz Roja española. En el 2008, eran 27 los menores que estaban viviendo de forma continuada o durante el fin de semana con familias ajenas.
Varias de esas familias entraron en contacto, se conocieron y fue un flechazo. Resolver asuntos sencillos, de la vida cotidiana, las movió a agruparse. Acabaron formando la Asociación de Familias Acolledoras de Galicia. La semana pasada, coincidiendo con la aprobación en el Parlamento gallego de una propuesta socialista de aumentar las ayudas a las familias acogedoras, hicieron su puesta de largo en sociedad en Compostela. Algunas de ellas cuentan aquí cómo es la experiencia de acoger

Los padres acogedores piden una mayor agilidad en temas burocráticos como obtener plaza en colegios

El Gobierno gallego concede ayudas a las familias que participan en el programa de acogida. La prestación media mayoritaria es de unos 220 euros al mes, en el caso de menores de más de tres años, aunque esta puede llegar a los 600 cuando tienen menos de un año. El Parlamento gallego acaba de aprobar un incremento en las ayudas. Las familias explican que no hay nada concreto, pero incluso antes que dinero reclaman una burocracia más ágil en temas como la obtención de plaza en escuelas.

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 7, 2009

Una ONG en zapatillas de casa

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Pili y Benito, con Fernando, y Ana junto el carrito de la recién nacida que le dieron hace seis meses en el Programa de Acogida Urgente

red solidaria
Una ONG en zapatillas de casa
Familias de acogida se unen para defender el derecho de menores desamparados a “crecer queridos” ·· “No nos quitan nada cuando se van porque no son un objeto ni nuestros” ·· Fernando, padre soltero, ha dado un hogar a un niño de 13 años ·· Ana, madre de una niña. hizo lo mismo con tres más

Una parte de la sociedad opta por mirar hacia otro lado ante un problema social, otros se implican y hacen donativos o colaboran de alguna forma. Pero las familias de acogida llevan la solidaridad al estado más puro. Quizá estén hechos de otra pasta…. “Somos como una ONG en zapatillas” resume Fernando, un compostelano, soltero, que acogió a un niño hace siete años, que vive todavía con él, y al que se sumó una niña, ésta ya adoptada.

Fernando es uno de los miembros de la Asociación de Familias Acogedoras de Galicia (familiasdeacollida@gmail.com) que acaba de crearse en Santiago y que tiene como fin principal “defender el derecho del menor en situación de desamparo a crecer querido”. Pese a su reciente puesta en marcha, la entidad tiene ya ideas muy claras sobre su papel, como promover la cultura del acogimiento.

En la asociación hay muchos perfiles de familias, desde el de Fernando, padre soltero, al igual que Loli, otra soltera, “sin instinto maternal, pero con mucho cariño hacia los niños”, que ha dado un hogar a una niña que hoy ya es una chica de 20 años, a la que se han sumado hace un año y medio dos hermanos de 8 y 6 años. Junto a ellos están para dar también un ejemplo testimonial, Pili y Benito, una pareja con dos hijas de 26 y 24 años, un hijo biológico de 6, y que se involucraron en el programa de Familias de Acogida “tras verlo publicado en la prensa”. Ahora en casa son uno más; una niña de dos años y medio.

A estas familias se une también Ana, una compostelana que, junto a su marido, conforman una familia particular. Comenzaron hace ya tres lustros dando un hogar a una niña de acogida de 14 años, que hoy cuenta con 29 y de la que destacan que es una gran estudiante universitaria. Después se sumó otra que ya ha cumplido 19 años y que sigue con ellos tras su mayoría de edad, una hija adoptiva de once años y, no conformes con esto, se han embarcado en el Programa de Acogimiento Urgente. Así, ahora cuidan a un bebé que les dieron con sólo 22 días y que lleva con ellos seis meses. Esperan que pronto encuentren un familia que la adopte, para volver a prestarse a dar un hogar a otro niño en la misma situación.

Cuando se le pregunta a Ana, al igual que al resto de familias de acogida, si hay que ser de una pasta especial para dar un hogar a un niño que sabes que puede marcharse de un día para otro, pronuncia un “no” rotundo.

“Nadie nos quita nada, no son un objeto ni nuestros. Nuestro fin es darles un hogar y todo lo que conlleva, como educación, llevarlos al cole, al médico… Pero siempre teniendo en mente que no son nuestros hijos, que tienen una familia. Cuando la desestructuración o el conflicto de ésta se solucione el paso lógico es que vayan con sus padres. En la mayoría de los casos no pierden el contacto con sus familiares, ya que nos desplazamos uno o dos días a la semana a un punto de encuentro o incluso a su propia casa para que se reúnan. Este vínculo no se debe perder ni romper”, sentencian.

Por eso, todos aseguran que ser familia de acogida “implica un estilo de vida”. Además, subrayan que no sólo “nos implicamos nosotros, sino todos los familiares”. En el caso de Fernando, por ejemplo, dice que “en la Primera Comunión del niño nos juntamos todos, mi familia y la de él”.

“La acogida es muy gratificante aunque exija un plus. Vives el día a día intensamente porque no sabes qué pasará mañana”, subrayan.

. local@elcorreogallego.es

DEMANDA A LA XUNTA Piden una mayor implicación

Estas familias de acogida si de algo pueden presumir, pese a que no lo hagan, es de su altruismo. Pese a ello, tienen reivindicaciones hacia la Administración, a la que demandan que publicite más, con información a la sociedad, sobre el programa de acogida de menores en situación de desamparo. “No es lógico que haya niños esperando en centros tutelados y familias que están dispuestas a darles un hogar. Deberían favorecer más el proceso”, señalan.

“Está demostrado que los niños tutelados mejoran, física y psíquicamente, cuando están con familias de acogida. Luchamos porque ningún niño, de entre cero y seis años, tenga que permanecer en un centro de la Xunta”, demandan desde la asociación .
LAS FRASES Pili y Benito

“Esta experiencia engancha, por eso queremos acoger a más niños. Otra cosa que tenemos clara es que no deben perder el vínculo con su familia biológica. Y es que lo natural es que vuelvan con ella”

Loli

“Nunca tuve instinto maternal, pero sí un gran cariño hacia los niños. Ahora tengo a tres y aunque hay etapas duras, sabes que les estás dando una oportunidad en la vida que si no no tendrían”

Fernando

“No es como irte un mes con una ONG, sino que es hacerlo en tu propia casa. Vives cada día intensamente, y quieres que se sepa hoy el ejercicio de Mates porque no sabes si mañana estará”

Ana

“El bebé que tengo en acogida me lo dieron con 22 días y llevo con ella seis meses. Sé que se irá con una familia adoptiva, pero este tiempo no ha tenido que estar en un centro, sino en un auténtico hogar”

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 5, 2009

12. solidaridad

12. solidaridad
Derecho a que los países
colaboren en el desarrollo
de todos los niños y niñas
del mundo.

Dereito a que os países
colaboren no desenvolvemento
de todos os nenos e nenas
do mundo.
12. solidaridade

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 4, 2009

11. los niños y las niñas primero

11. los niños y las
niñas primero
Derecho a que las decisiones se tomen
desde las necesidades de los niños
y de las niñas.

Dereito a que as decisións se tomen
desde as necesidades dos nenos
e das nenas.
11. os nenos e as nenas
Primeiro

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 3, 2009

Unos 1.500 menores en Galicia están bajo tutela de la Xunta por desamparo

A estos se suman otros 828 con protección de la Administración porque los padres no pueden cuidarlos

Autor:
Mario Beramendi
Fecha de publicación:
3/11/2009
La Xunta mantiene la tutela administrativa por desamparo de 1.529 menores, según los últimos datos actualizados -al pasado mes de junio- que obran en poder del departamento de Traballo e Asuntos Sociais. Se trata de casos en los que los progenitores -al igual que sucede con el niño obeso de Ourense- han perdido temporalmente la patria potestad y en los que la Administración, bien en centros propios o en acogimiento familiar, se responsabiliza de la alimentación y la educación del pequeño.
Las situaciones de desamparo que afectan a estos 1.529 menores son el abandono, los malos tratos psíquicos o físicos y la inducción a la mendicidad, la delincuencia o la drogadicción; también habría que incluir aquellos supuestos en los que exista trastorno mental grave de los progenitores o la inhibición de estos en sus funciones básicas de protección o educación, de forma que pongan en peligro la salud del menor. En el supuesto del niño ourensano los médicos han alertado de problemas respiratorios agravados por el sobrepeso del menor.
Sin embargo, el análisis de la cifra de casos en los que existe la tutela administrativa por desamparo, por sí solo, es insuficiente para conocer la dimensión real del problema social de los niños con desatención familiar. En la comunidad hay otros 828 menores -según los últimos datos, actualizados a 31 de diciembre del 2008- sobre los que hay medidas de protección de guardia. Son aquellas que se asumen a petición de los padres cuando por circunstancias graves no pueden atender el cuidado de sus hijos. A diferencia de la tutela por desamparo, los progenitores conservan la patria potestad del pequeño. La Xunta también opta aquí por las dos alternativas: el acogimiento familiar o el residencial en un centro de protección de menores.
Graves problemas
A falta de conocer el cierre del 2009, el balance del pasado año revela que en la comunidad gallega había casi 2.700 niños con graves problemas en el núcleo familiar: 1.861 en régimen de tutela administrativa por desamparo y 828 en situación de guardia debido a que los progenitores alegan ante la Administración que no pueden cuidarlos. De los 2.689 niños, casi la mitad, el 47,7% -1.284-, estuvieron acogidos en residencias propias de la Xunta (402) o colaboradoras (882), mientras que los restantes se beneficiaron del régimen de acogimiento familiar.
El pasado 2008, de los 1.861 casos de tutela administrativa por desamparo -dado el incumplimiento de los deberes de protección por parte de sus padres-, 728 pertenecían a A Coruña, 642 a Pontevedra, 318 a Ourense y 173 a Lugo

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 3, 2009

10.paz

10. paz
Derecho a vivir en una sociedad
en paz y sin violencia,
y a formarme en un espíritu
de solidaridad, tolerancia
y amistad.

Dereito a vivir nunha sociedade
en paz e sen violencia,
e a formarme nun espírito
de solidariedade, tolerancia
e amizade.
10. paz

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 3, 2009

Familias acolledoras

FAG

Posteado por: familiasdeacollida | Noviembre 2, 2009

9. bienestar

9. bienestar
Derecho a que mis padres
puedan disponer
de los recursos necesarios
para desarrollarme
y vivir con dignidad.

Dereito a que os meus pais
poidan dispoñer
dos recursos necesarios
para desenvolverme
e vivir con dignidade.
9. bienestar

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