08.02.2010 Denuncian meses de espera para acceder a estos centros, ideados para facilitar el tiempo con los hijos a parejas enfrentadas ·· Han atendido a 3.500 personas

Concentración ante los juzgados de Marín promovida por SOS Papá en una fotografía de archivo

MARÍA LÓPEZ • A CORUÑA

En 1999 empezó a funcionar en Vigo el primer punto de encuentro de la comunidad. Desde entonces, cerca de 3.500 personas han utilizado estos centros diseñados como espacio neutral en el que supervisar los tiempos con sus hijos de padres o madres con separaciones conflictivas o problemas de tutela, según los datos facilitados por la Consellería de Traballo e Benestar.

Su funcionamiento no está, sin embargo, exento de polémica y la Asociación de Pais e Nais Separados denuncia “defectos” en el funcionamiento y en sus infraestructuras.

El primer punto de encuentro abrió en Vigo en 1999 de forma experimental y en 2000 se creó la red de puntos de encuentro familiar en Galicia, compuesta por siete centros. Todos ellos son titularidad de la Xunta de Galicia, aunque su gestión corresponde a entidades sociales sin ánimo de lucro, que en 2001 constituyeron la Federación Galega de Puntos de Encontro Familiares.

En ellos, se produce el intercambio de menores, derivados bien por una orden judicial, bien por los órganos competentes en materia de servicios sociales en los supuestos de menores en los que la Administración tenga asumida la tutela o guarda.

Espacio neutral

El centro cumple distintas funciones. Sirve como terreno neutral para que las parejas enfrentadas puedan entregar y recoger a sus hijos en cumplimiento del régimen de visitas. En otros casos, la visita se desarrolla dentro de las instalaciones del centro y un profesional supervisa las relaciones del progenitor con el menor. A veces, el centro simplemente brinda sus instalaciones por imposibilidad de que la visita se desarrolle en otro lugar. La casuística es diversa y no afecta sólo a padres con una mala relación: también hay menores en acogida que visitan a sus padres biológicos, abuelos que no pueden ver con normalidad a sus nietos o víctimas de violencia machista que no quieren dar a conocer su domicilio.

No obstante, la fórmula de gestión, en manos de entidades sociales, representa uno de los mayores déficits que la Asociación Galega de Nais e Pais Separados encuentra en esta red. “La infraestructura es inadecuada y más cuando son visitas tuteladas en pisos”, denuncia su presidente, Antonio Díaz en declaraciones a Europa Press. La “saturación” y los tiempos de espera, que “suelen ser de varios meses en los que los padres no ven a sus hijos”, son otros problemas señalados por la asociación.

Demandan una gestión directa por parte de la Administración y cuestionan el sistema actual, “con asociaciones que se crearon ex profeso para gestionarlos”. Aunque matizando que no se trata de una queja generalizada, Antonio Díaz también apunta casos en los que la “imparcialidad” de los técnicos queda en entredicho.

GIRO EN LA GESTIÓN “400 familias cada 15 días no es lo idóneo”

“Siempre puede haber padres o madres que piensan que el personal favorece a uno u otro y muchas veces los dos repiten la misma queja”, apunta Beatriz González, responsable del punto de encuentro de Vigo, a Europa Press que recuerda que el servicio que se presta en estos centros es “conflictivo por definición”. González defiende la labor que desarrollan los profesionales implicados en esta red y matiza que todos los informes que elaboran “son previo oficio del juzgado o de la Consellería de Traballo e Benestar” y “se emite sin que haya oficio previo cuando la sentencia señala que cada tres meses hay que informar o cuando ocurre un hecho grave o relevante”.

Admite que “la demanda ha crecido muchísimo” y considera que la solución pasa por la construcción de más centros. Sólo en Vigo pasan por el centro “más de 400 familias cada quince días” y eso, apunta Beatriz González, “no es lo idóneo”. En el punto de encuentro que ella coordina, “entre el 75 y el 80% de los casos que nos llegan los derivan los juzgados”.

Sobre la demanda de la Asociación de Pais e Nais Separados de Galicia para que la gestión de esta red de puntos de encuentro corresponda de modo directo a la Administración, Beatriz González coincide en la necesidad de dar “un giro importante” al funcionamiento de estos centros, aunque evita pronunciarse sobre cuál puede ser el modelo más adecuado .
InstalacionesSiete centros en la red gallega

·· La red de puntos de encuentro cuenta con instalaciones en Ferrol, A Coruña, Santiago de Compostela, Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo. Cuatro desarrollan su actividad en centros propios de la Xunta y tres en inmuebles alquilados

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 8, 2010

La Comunidad mantiene a 4.657 niños tutelados, un 61,54% acogidos en familias

07-02-2010 /
(Madrid) SOCIEDAD-SALUD,SOLIDARIDAD-DERECHOS

La Comunidad mantiene a 4.657 niños tutelados, un 61,54% acogidos en familias

La Comunidad de Madrid dio a conocer esta semana al Consejo Escolar el Programa de Acogimientos los programas que desarrolla durante todo el año para que los menores que cuentan con una medida de protección por parte de la Administración regional se integren y convivan con una familia madrileña.

En la reunión, la gerente del Instituto Madrileño del Menor y la Familia, Paloma Martín, indicó que “este programa permite que los menores que por alguna circunstancia no pueden vivir con su familia biológica se integren en otro núcleo familiar participando como un miembro más de la misma”.
Según dijo, “la familia de acogida proporciona al menos la atención necesaria, especialmente en el ámbito afectivo, tan necesario para su desarrollo personal”.
En ese sentido, la gerente señaló que el Gobierno regional logró que 142 nuevos niños tutelados fueran acogidos por familias madrileñas el año pasado, lo que supone que el 61,54% de los menores que se encuentran bajo una medida de protección por parte de la Administración autonómica estén en situación de acogida.

En total, a través de este programa se ha logrado que 616 niños convivan con familias madrileñas con las que no mantienen ningún parentesco biológico.

Además del Programa de Acogimiento Familiar que la Comunidad de Madrid desarrolla durante todo el año, se ha puesto en marcha otro, el de “Acogimiento de Urgencia”, para el cual se han seleccionado y formado familias de acogida para que de manera temporal, y en el momento que se les solicite, acojan a los niños más pequeños, menores de tres años, y eviten su entrada en una residencia infantil.
Asimismo, en verano se desarrolla el programa de “Vacaciones en Familia”, a través del cual los menores tutelados pasan sus vacaciones estivales con una familia madrileña de acogida en vez de quedarse en su centro habitual de residencia. EFE

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 7, 2010

………………….

CONCLUSIONES
Una de las situaciones más complejas que se pueden
presentar en las intervenciones protectoras de la infancia
es la necesidad de separar a los niños y niñas de
sus familias. Esta separación, que puede tener una duración
muy variable dependiendo de cada caso, y que
puede llegar a ser definitiva, supone un reto adaptativo
muy serio para los menores de edad. Existe un consenso
muy claro entre profesionales e investigadores
sobre la necesidad de que los niños y niñas que no
pueden estar con su familia estén con otras familias y
se desarrollen el tiempo que sea necesario siempre en
un entorno familiar cercano y cálido. Esta prioridad de
colocación de los niños en acogimiento familiar, establecida
ya en la ley de 1987, e impulsada decisivamente
en la Ley Orgánica de 1996, cuenta con varias
décadas de desarrollo en otros países avanzados y es
un planteamiento indiscutible de la protección infantil.
Nuestro retraso, justificable por cuestiones políticas y
sociales hasta los años ochenta, no debe seguir prolongándose.
Los datos de las investigaciones, escasas
y todavía muy descriptivas, muestran un acogimiento
en familia ajena en España todavía muy incipiente, en
varias comunidades autónomas todavía meramente
testimonial. Aunque comparado con otros países,
nuestro acogimiento en familia extensa tiene una presencia
enorme y hace engrosar las cifras del acogimiento
familiar, debemos ser realistas y concluir que
sin acogimiento en familia ajena, que es el que requiere
esfuerzos de captación y desarrollo de programas
(el de familia extensa funciona y se desarrolla de manera
independiente de los programas de intervención
porque es una respuesta de supervivencia natural de
los grupos familiares), el sistema de protección se verá
obligado a emplear acogimientos residenciales para
muchos menores de edad.
En algunas comunidades se están empezando a plantear
el reto de atender siempre a los más pequeños en
acogimiento familiar, cerrando los centros y hogares de
0-3 años y en algún sitio incluso de 0-6 años, para implantar
programas de acogimiento familiar estables, capaces
de dar respuesta a todos los niños de estas edades
que requieran medidas de separación familiar. Es sorprendente,
en este sentido, que los programas de acogimiento
de urgencia que atienden fundamentalmente a
estos niños más pequeños, mostrando unos índices de
resultados y de satisfacción de acogedores tan positivos,
no acaben de despegar y convertirse en un recurso que
supere la fase casi experimental en que se encuentran en
muchos lugares.
Este es el camino imprescindible para cubrir de manera
adecuada las necesidades de estos menores, y solamente
cuando la voluntad política, de los gestores, y de
los planificadores, comience a plasmar negro sobre
blanco este tipo de ideas, podremos empezar a tener
esperanzas en recuperar el tiempo perdido. La existencia
de niños de estas edades en hogares de acogida en
nuestro país denota un anacronismo inaceptable hoy
día. Es necesaria una visión política de mayor alcance
para planificar en los próximos años un cambio a favor
del acogimiento familiar y permitir, de paso, que el
acogimiento residencial pueda trabajar mejor atendiendo
aquellos casos que realmente precisan de esta
medida, como algunos adolescentes con necesidades
muy específicas, menores extranjeros no acompañados,
etc.
El impulso que la investigación ha dado en estos
últimos años y el consenso que se ha creado en
torno a la necesidad de dar un empuje definitivo al
acogimiento familiar, deberían ser dos buenos pilares
para esta reforma tan esperada.
Los datos de la investigación muestran que las prácticas
del acogimiento en España tienen criterios muy distintos
entre las comunidades autónomas (un tema ya apuntado
en artículos anteriores de este monográfico) y que somos
capaces de dar mucha estabilidad a los niños pero consumimos
a las familias acogedoras en un solo episodio
acogedor, por lo que será difícil incrementar el montante
de familias disponibles.
Por otro lado, la familia extensa supone en nuestro país
un recurso valiosísimo que debe ser adecuadamente tratado.
Todas las investigaciones muestran que la familia
extensa hace frente a la educación de nietos, sobrinos, y
parientes o allegados, desde una posición que en muchas
ocasiones es muy precaria. Existen carencias no sólo
económicas o materiales, sino también de recursos y
competencias, por ejemplo, para saber educar a adolescentes
(tarea ya difícil de por sí) cuando el salto generacional
es enorme. Así pues, lo que se requiere es tomar
con toda seriedad estos acogimientos, desde el inicio
con una buena selección y formación, también con un
seguimiento cercano y frecuente, y lo más importante,
desplegando los necesarios apoyos económicos y técnicos
para que estas familias se sientan con fuerzas y recursos.

……………………………………………………………………………..

Papeles del Psicólogo, 2009. Vol. 30(1), pp. 33-41
EL ACOGIMIENTO FAMILIAR EN ESPAÑA:
IMPLANTACIÓN Y RETOS ACTUALES
Jorge F. del Valle, Amaia Bravo y Mónica López

sistema de protección infantil. A prevención secundaria e terciaria no ámbito do maltrato á infancia

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 4, 2010

COMUNICADO DE PRENSA

COMUNICADO DE PRENSA
La FAG, a raíz del reportaje publicado hoy en La Voz de Galicia, está recibiendo un sinfín de llamadas de parte de todos los medios de comunicación. Hemos querido hacer este comunicado para cortar de raíz todo viso de morbosidad ante un tema tan delicado. No queremos ni debemos pronunciarnos, primero porque no tenemos todos los datos para “juzgar” esta historia; segundo, queremos dejar claro, aunque sea obvio, que estamos completamente a favor del acogimiento familiar y del trabajo de todos los equipos técnicos que toman sus decisiones en base a datos objetivos que no siempre debemos conocer como acogedores, ya que pertenecen a la intimidad de las familias.
Nuestra postura es la del respeto y la delicadeza. Nuestro ánimo, la de invitar a muchas familias a participar de este programa, que como la vida misma, no es un camino de rosas, pero que sí merece la pena vivir.
Un saludo cordial,
José Carlos Azcona
Presidente
2/2/2010

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 4, 2010

María pierde otra oportunidad

No todas las experiencias salen bien. Una pareja coruñesa renuncia, desanimada por el escaso seguimiento y el retroceso que sufre la niña cuando visita a sus padres

Autor:
Jorge Casanova
Fecha de publicación:
2/2/2010

Sonia y Javier, ayer, con sus dos niños y la pequeña que mantienen en acogida hasta fin de curso

A María, una niña de cuatro años que se llama de otra manera, se le está consumiendo su segunda oportunidad. La primera se esfumó nada más nacer, con síndrome de abstinencia y en el seno de una familia encadenada a esa rueda de la que es tan difícil salir: heroína, cárcel, exclusión. Hasta los dos años, María estuvo en un centro de menores para pasar luego a engrosar el hogar de Javier y Sonia, una pareja de A Coruña con dos niños pequeños. Ahora, María está a punto de cumplir cuatro años y sus padres de acogida han tirado la toalla. Adiós a la segunda oportunidad.
Javier y Sonia expresan la misma queja, la falta de seguimiento por parte de la Administración. Desde que se hicieron cargo de la pequeña María, la niña ha mantenido el contacto con los padres biológicos y cada retorno ha ido llenando el vaso que ahora se desborda. «No es normal que la niña venga siempre apestando a tabaco, sin comer, mojada cuando llueve. No es normal que el primer dibujo que haga la niña sea una calavera», enumera Sonia.
Javier no entiende que no se haya hecho un seguimiento a los padres de modo que María hubiera podido entrar ya en un proceso de adopción: «¿Qué es primero, el interés del menor o el de sus padres?», se pregunta. «Le están negando el futuro», apostilla su mujer: «Me siento como una de esas familias de divorciados en el que uno impone reglas y el otro deja hacer a los niños lo que quieran».
Explican que fueron poniendo en conocimiento de la Cruz Roja y la Xunta las anomalías que apreciaban en los padres de María y las consecuencias sicológicas que ello está suponiendo para la pequeña; una niña sometida a un duro conflicto de lealtades y que con tres años ya asombraba a la directora de la guardería por su capacidad para no acatar la autoridad y utilizar respuestas más propias del lenguaje de una taberna que de un hogar equilibrado. «Solo nos hicieron caso cuando expresamos nuestro deseo de dar por terminado el acogimiento», lamenta Javier.
Suma de fracasos
Cuando termine el curso escolar, María se irá definitivamente de la casa donde ha vivido los dos últimos años y probablemente volverá a un centro de menores hasta que otra familia le abra la puerta. Cada vez que eso ocurra, las dificultades serán mayores y la suma de fracasos irá aplastando sus posibilidades de futuro. Javier y Sonia lo saben, pero también piensan en los dos pequeños que ellos tienen: «No quiero que mi hija aprenda las cosas que le enseña María cuando viene de estar con sus padres».
Muchas veces, la pequeña María aparece tras la visita con un pirsin pintado sobre la nariz, o una raya de color bajo los ojos: «Yo la meto enseguida en la bañera pero, claro, soy la mala porque le quito las cosas que le ponen sus padres». El contacto con los padres biológicos está siempre recomendado para la mejor evolución de los menores en acogida, pero esta pareja opina que no es el caso. Entienden la complejidad del asunto, pero no les cabe duda alguna de que la pequeña María hace más de un año que debería estar adoptada por otra familia.
Igual que cuando decidieron embarcarse en la aventura del acogimiento, la decisión de abandonar es firme en la pareja: «Me puedo imaginar a María con doce años si las cosas no cambian, y pienso que también estará con mis hijos». Eso no ocurrirá. Mientras los técnicos y los jueces deciden qué es lo mejor para ella, María crece y entiende cada vez más. Le espera otro centro este verano. Quizás otra familia, después. Y una mirada permanente a la rueda nefasta en la que viven sus padres y en la que ella también gira.

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 3, 2010

Un millar y medio de chavales en manos de la Administración

Jorge Casanova
Fecha de publicación:
1/2/2010

Aunque solo 541 están ingresados en centros, la Xunta tiene actualmente la tutela de 1.499 menores. La mayoría viven con familiares donde muchos duermen aunque pasen buena parte de la jornada en centros de día.
De los 68 centros de menores que hoy existen en Galicia, la Xunta solo tiene la titularidad de ocho, los otros sesenta son concertados y por ellos pasan a diario un millar de niños, de los que la Xunta tiene la tutela, la guardia o ninguna de las dos cosas, como ocurre con frecuencia en los centros de educación especial.
Los dictámenes de los especialistas abogan por reforzar la estrategia de albergar a la mayor parte de los menores tutelados por la Administración en ámbitos familiares, propios o ajenos. Sin embargo, el número de menores tutelados por la Xunta no decrece y los centros están llenos. La asociación de familias acogedoras cree que setenta centros para un territorio como Galicia son demasiados y que la estrategia debería girar hacia un mayor apoyo en las familias.

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 3, 2010

El retraso judicial también lastra el complicado proceso

Jorge Casanova
Fecha de publicación:
1/2/2010

En el delicado proceso que media entre la pérdida de la patria potestad por parte de los padres biológicos de un menor y su salida hacia una familia de adopción o el regreso a su hogar inicial, el poder judicial suele tener un peso notable. Y sus retrasos, también. Un caso prototípico es el de unos padres toxicómanos que no pueden hacerse cargo de sus hijos y a quienes se les retira la custodia. Si los niños no tienen más familia que pueda albergarlos, van a un centro o, en el mejor de los casos, a una familia de acogida.
En manos del juez está determinar si existe posibilidad alguna de que los padres biológicos se recuperen y adquieran de nuevo la capacidad de tener la custodia de sus hijos. Muchas veces, los padres asumen tratamientos difíciles que se prolongan años, durante los que el niño crece y su estatus no avanza en ninguna dirección. Las familias reclaman una mayor diligencia y eficacia para evitar muchos casos en los que los menores pierden la oportunidad de ser adoptados por otras familias.

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 3, 2010

Más de 500 niños tutelados por la Xunta viven en centros de menores

Más de 500 niños tutelados por la Xunta viven en centros de menores

El 13% de los que aún no han cumplido los tres años de edad están institucionalizados

Autor:
Jorge Casanova
Fecha de publicación:
1/2/2010

Un tercio de los menores cuya tutela es responsabilidad de la Xunta viven institucionalizados en centros públicos, en los que se acuestan y se levantan cada día porque su familia no está preparada para hacerse cargo de ellos o simplemente no existe. ¿Son muchos? Depende de quien valore el dato, aunque, si se cruza con las 104 familias que actualmente hay en Galicia dispuestas a acoger a alguno de estos menores, parece efectivamente una proporción a mejorar. «A la vista de esos datos, podría parecer sencillo acoger a parte de estos niños en una familia, pero no se puede simplificar tanto», apunta un portavoz de la Consellería de Benestar.
Señala el Gobierno la complejidad que supone encontrar una familia adecuada: proximidad geográfica, capacidad para acoger a un grupo de hermanos si fuera necesario, o asumir una discapacidad física del menor. Encajar bien cada caso no es fácil: «Buscando ante todo el interés del menor, es preciso poner el máximo cuidado para no realizar un acogimiento fallido. Ese niño proviene de un centro, con lo cual ya ha sufrido una situación de desamparo por parte de sus padres. Las consecuencias de un nuevo fracaso le causarían un perjuicio aún más grave», dicen en la consellería.
Algunos datos
De las 276 familias con las que cuenta la Cruz Roja para acoger a niños tutelados por la Xunta, 105 estaban acogiendo a finales del año pasado; 107 estaban a la espera y 64 descansando o no operativas en ese momento. Las activas tenían en sus casas a 141 chavales y otros 34 se encontraban inmersos en ese complejo proceso de valoración. Un total de 541, según la Xunta, permanecían viviendo su día a día en alguno de los 70 centros, propios y concertados, repartidos por Galicia. ¿Faltan familias? ¿Faltan técnicos? Lo que no faltan son dictámenes. Cualquier estudio moderno demuestra de forma irrefutable que el desarrollo de un menor es mucho mejor en el seno de una familia que en el entorno de un centro.
«La Xunta apuesta firmemente por el acogimiento familiar», aseguran en la consellería. Y, en realidad, más de la mitad de los menores que tutela están acogidos por lo que se llama familia extensa (tíos, abuelos…). Sin embargo, existen algunos casos palmarios, sobre los que las familias insisten: «Ya sabemos que los centros tienen que existir, porque siempre habrá casos especiales. Pero creemos que se podía empezar por los más pequeños e intentar que de cero a tres años no hubiera ningún niño institucionalizado», explica Rosario Filgueira, portavoz de la asociación gallega de familias de acogida.
En revisión
Benestar asegura que ya en enero del 2009 se revisaron todos los casos de menores de tres años institucionalizados y que se ha aumentado la remuneración a los acogedores para estos casos: «No obstante, sí quedan todavía menores de tres años en centros, aunque en un porcentaje pequeño, pues solo están internados un 13%», admite la Xunta. Y eso que es el tramo de edad en el que existen más familias dispuestas a acoger. Pero la principal reclamación del colectivo es la creación de un protocolo que aporte mayor seguridad y determine unos plazos: «Hay casos en que el niño pasa demasiado tiempo en acogida y se establece un vínculo muy fuerte. Es necesario que se determinen unos plazos, de año y medio o dos, para que la situación del menor se solvente, que vuelva con su familia biológica o que sea dado en adopción».
Tres años y medio es mucho tiempo como para que otra separación no tenga impacto. La Xunta explica que hay reuniones y valoraciones constantes y que, si el proceso no es más rápido, es en defensa del complejo entramado de intereses que confluyen en cada caso y en el que se prefiere mantener abierta la posibilidad de que el menor pueda regresar con su familia biológica. Un proceso que mantiene a cientos de niños encadenados a un futuro con menos oportunidades.

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 3, 2010

Donde caben tres, caben seis

ISABEL Y JUAN, FAMILIA ACOGEDORA

Autor:
J. C.
Fecha de publicación:
1/2/2010

Isabel y sus niños, en las escaleras de su casaAutor de la imagen: | VÍTOR MEJUTO

A media tarde, la casa de Isabel y Juan es un lío controlado en el que chavales de todas la edades entran y salen, juegan a la Wii, se cuentan cosas… Junto a la puerta se apila una muralla de mochilas que da idea de lo que hay en casa. Niños. Por un tubo. Isabel y Juan tienen tres de 10, 12 y 13 años. Y desde hace unos meses, allí están acogidos también otros tres hermanos de 12, 11 y 3. Esa tarde, de propina, está otra chica uruguaya pasando unos días. Tres hermanos de golpe en casa: «¿Y cómo vas a decir que no? -reflexiona Isabel-, ¿cómo voy yo a decidir sobre su futuro diciendo que no?».
Niños con uniforme y sin él: «Van todos al mismo colegio», educación diferenciada, colegios caros, facturas multiplicadas por dos: «Aquí todo el mundo sabe cómo son las cosas. Cuando hay, hay. Y cuando no, comemos una tortilla». Isabel y Juan llevan ya muchos años en la rueda del acogimiento. Exponen el discurso común: la pulsión del compromiso, el calor de la recompensa: «Muchas veces te conviertes incluso en referencia para la propia familia biológica».
Entrar y salir
Y, mientras tanto, su vida se ha convertido en una enorme familia con miembros que entran y salen. Sus tres hijos biológicos se han criado en esa dinámica a la que no ven ya nada de particular: «Cada vez que se ha planteado un acogimiento nos hemos reunido todos y hemos hablado antes de decidir», explica Isabel, en cuya casa los coches se han duplicado y sus viajes de vacaciones han desaparecido: «Cómo máximo salimos algún fin de semana».
Isabel intuye que este último acogimiento podría convertirse en definitivo. Si los niños no pueden volver con sus padres, la posibilidad de que fueran adoptados por una misma familia sería remotísima. Así que la algarabía de esa casa se mantendrá por mucho tiempo. «Hemos tenido mucha suerte», dice ahora la mayor de los hermanos acogidos tras vivir dos años en un centro de menores. Al principio las cosas no fueron fáciles, admiten acogedora y acogida, y el camino pendiente todavía es largo. Al chaval mediano todavía se le nota la mirada retadora. Pero se aprecia en todos la confianza en el futuro. Hasta en la pequeñita, que nos escucha sin entender muy bien lo que hablamos y sin saber lo distintas que podían haber sido las cosas.

Jorge Casanova
Fecha de publicación:
31/1/2010

«Cando che dan un bebé, a primeira parada que tes que facer é na farmacia, porque veñen co traxe e nada máis». Esther, que ya no desmonta la cuna que tiene en casa, lo sabe de sobra. Las familias acogedoras reciben una compensación económica mientras mantienen a los chavales pero, claro, nunca es suficiente. Sobre todo si el niño muestra algunas necesidades especiales: ««Nosotros tuvimos uno con intolerancia a la lactosa y cada bote de leche de soja nos costaba 23 euros», recuerda Patricia, de Vigo. Son comentarios, porque ninguna de las dos familias le dio nunca mayor importancia a la cuestión.
Las familias piden ahora algún miramiento fiscal, alguna piedad administrativa: «No te dan ni el día en el que tienes que ir a recoger al bebé», explica Ana, la madre acogedora de Yolanda, una veterana con acogimientos desde hace más de 14 años, que no se corta en expresar que la experiencia tiene fases de todos los colores: «Mucha gente solo ve el glamur de tener un bebé tan bonito, tan riquiño, pero hay mucho trabajo detrás, muchas horas sin dormir». Y la sombra de la pérdida, algo que todos saben desde el principio pero que ninguno supera fácilmente.
Acción directa
Todos estos padres acogedores, llegan a la misma conclusión: participar del programa les hace sentirse útiles, contribuir activamente a paliar las injusticias que nos rodean y nos conmueven. Como la reciente tragedia de Haití: «Ves las imágenes de televisión y sientes la necesidad de ayudar -explica Patricia-, pero en realidad hay mucho que hacer sin tener que mirar tan lejos». «A nosotros no nos va eso de pagar una cuota a una oenegé. Preferimos la acción directa», sintetiza Juan, el marido de Ana. Todos esperan que el ejemplo cunda y que cada vez sean menos los menores que crecen institucionalizados. Todos los estudios avalan la eficacia de las familias por encima de los centros y todas las familias acogedoras confían en que su esfuerzo nos lleve a una sociedad más justo: «Aunque solo sea por puro egoísmo -concluye Juan, que dice haber estudiado ya cuatro bachilleratos y tres selectividades-, para que esos chavales no nos atraquen el día de mañana a punta de navaja».

Posteado por: familiasdeacollida | Febrero 2, 2010

El reverso amargo del amor

Recoges un bebé con días y lo entregas con tres años y medio para no volver a verlo nunca más. ¿Existe alguien preparado para eso? Las familias piden que se evite

Autor:
Jorge Casanova
Fecha de publicación:
31/1/2010

Patricia, su marido, el hijo pequeño de ambos y el pequeño Brais, en su domicilio de Vigo Autor de la imagen: | ÓSCAR VÁZQUEZ

El aire sopla duro en una de las playas de Vilanova de Arousa. Una joven de 23 años atiende el bar en un cámping que hiberna desangelado en pleno invierno. Llegó allí con 15 años, desubicada, sola. Y nunca más se fue. Cuando tenía 16, un año después de haberse dejado acoger por Aldo y Esther, un juez le preguntó por su futuro. Su padre biológico la reclamaba. «No tuve ninguna duda», recuerda ahora. Aldo y Esther no son sus padres. Ellos ya tienen a dos mocetones de 30 y 26. Hasta dos nietos que corretean por el bar. Así que en el cámping, ni durante el más crudo invierno, falta la chiquillería. Y sin embargo, parece que ninguno se haya podido sacudirse la sombra del pequeño Álex, un nombre ficticio para un bebé que llegó con cinco meses y principios de raquitismo y que se fue este verano con el corazón de toda la familia.
Hace ocho años que en esa casa entran y salen niños. Casi siempre bebés, muchas veces problemáticos, con síndrome de abstinencia. Despiertan y quieren leche con heroína. «Hubo uno que lloraba tan fuerte que parecía que iba a levantar el tejado», recuerda Aldo. Pero Álex… Durante tres años largos, el pequeño se recuperó, creció y absorbió su primera cosmovisión desde esa playa de Vilanova y desde el cariño de una familia larga y diversa de la que él era el epicentro. Y este verano, se fue: «É moi duro. Pense que ensinas ao neno a tomar o biberón, a camiñar, a falar…». El discurso de Esther se entrecorta a medida que la evocación del pequeño se hace más intensa y los ojos se le encharcan.
Aldo retoma la charla sobre la experiencia de las acogidas, los niños que pasaron antes y después de Álex, que indefectiblemente se convierte en el principio y final de todas las conversaciones: «Tiña un talento especial para a música. Comprámoslle unha batería e, cando o vía tocar, era como si me vira a min de pequeno. Parecía que fose seu pai». Ni Aldo ni Esther se engañaron nunca. Han visto entrar y salir de su casa demasiados niños como para eso. Pero Álex fue algo especial, una prueba insuperable. Nadie hubiera podido resistirlo. Nadie capaz de dar cariño.
El niño del Iphone
Por un cálido dúplex de Vigo se mueve esa misma tarde otro chaval especial con nombre inventado, Brais, por ejemplo. Tiene tres años y pico y va como Pedro por su casa con un Iphone en la mano y unos gusanitos en la otra. Habla con dos de sus tres hermanos mayores, que no son sus hermanos biológicos, pero que lo llaman a menudo, porque en esa casa nadie podría ya vivir sin Brais.
Aterrizó con unos días, vía acogimiento de urgencia. Ya entonces se sabía que tenía un serio problema en la cavidad craneal que exigía una intervención quirúrgica compleja para adaptar la caja al crecimiento del cerebro. Un sinvivir hasta que, con cuatro meses pudo entrar y salir del quirófano. Nada de eso es ahora perceptible a simple vista. Patricia, la madre acogedora de Brais, acaba mostrando el costurón tras remover el intenso pelo negro del chaval, que sigue a lo suyo.
¿Cuál es el futuro de Brais? Pese a que Patricia es una veterana del acogimiento y tiene el comedor de su casa repleto de fotos de niños que entraron y salieron, ella tampoco quiere imaginarse el día que la autoridad le pida que entregue al niño. Algo que podría ocurrir en cualquier momento. «No es normal que ocurran estos casos. Si lo que prima es el interés del menor, yo estoy segura de que otro cambio de familia cuando el niño ya tiene más de tres años, es algo que le va a quedar para toda la vida».
Pese al intenso dolor que sufre la familia de Vilanova y el que a veces barrunta la de Vigo, en ambos casos las quejas son pequeñas, de baja intensidad, solapadas por una amenaza mayor que nadie quiere imaginar: el fin del ciclo, la extinción del carrusel de niños desamparados que llegan pálidos y sin futuro y salen sonrosados y con el zurrón lleno de oportunidades. Quien vive la experiencia, solo piensa en repetirla. Una y otra vez. Son yonquis, adictos a ese momento de dulcísima recompensa, pese a que alguna vez tengan que vivir un mal viaje, el reverso del amor: la pérdida.
La última vuelta
En algún lugar del cámping de Vilanova duerme la bici que Álex nunca llegó a usar. Se la regalaron, pero el chaval prefirió la batería. El día que lo vinieron a recoger para entregarlo en adopción a otra familia, el rapaz se animó con la bici mientras los adultos hablaban: «Colleu outra, dun cliente, e comezou a dar voltas, como se estivese despedindose do cámping. Non había quen o fixera baixar», recuerda Aldo. Y eso que fue muy desagradable. A Esther no se le olvida: «Nos tres anos, nunca chamaron da Xunta para preguntar polo neno. E o día que viñeron, cando chamoume ‘mamá’, dixéronme que como era iso, que eu tiña que haberlle explicado que nós non eramos seus pais. ¿Como lle vas dicir iso a un neno tan pequeno?».
Volvemos a Vigo, con Patricia: «Cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, yo siempre respondía lo mismo: quiero ser madre». Repasa los acogimientos de estos últimos años, como se inició cuando sus tres hijos empezaron a ser mayores y ella decidió darle más a los nuevos bebés que a su carrera profesional: «Con los ocho mantengo el contacto», dice con orgullo mientras enseña algunos de los retratos que lucen por el comedor. «El otro día fui al cumpleaños de este». La mayoría de ellos fueron adoptados unos meses después de que salieran de su casa y sus nuevos padres quisieron que el niño mantuviera algún contacto con la familia que le mantuvo vivo durante sus primeras semanas.
Y Patricia se lo curra. Documenta por escrito y fotográficamente cada evolución del bebé, minuciosa, casi diariamente. Y lo incluye en la maleta el día que vienen a por él. Mientras me lo cuenta, surge un estruendo en la cocina. Sale como un cohete voceando el nombre del niño y regresa al poco: «No ha sido nada».
Ella no lo quiere pensar, pero yo no puedo evitarlo. Si a ese niño se lo llevan, a esa familia la matan.

Entradas antiguas »

Categorías